En su momento, Raimundo Lulio (pensador catalán del siglo XIII) se hallaba febrilmente atareado en su obsesión para encontrar todas las combinaciones de los atributos de Dios. De lograrlo, se proponía encapsularlos en una máquina y así, al mostrárselos a los asombrados infieles, éstos no tendrían más remedio que caer en los brazos de la verdadera religión. Su artefacto era una máquina que, al mecanizar los procesos deductivos, serviría para producir conversos 35, 36.
Más allá de las tribulaciones de Lulio, y siendo un poco más humildes, ¿podríamos nosotros pretender encontrar todos los atributos de los seres creativos para intentar encapsularlos en un artefacto tal que, al ser percibido por los infieles insensibles, pudiera convertirlos en conversos que cayeran fulminados por el rayo de la gracia de la verdadera religión del arte? ¿podríamos construir una auténtica ars machina?
Y, ya dentro de este reduccionismo inconfesable, ¿podría la conciencia artística universal (si se pudiera plantear de esta manera) ser nada más que la consecuencia natural de la materia altamente organizada, un epifenómeno espontáneo del funcionamiento material de las cosas complejas (como la de nuestros futuros e hipotéticos artefactos artísticos lulianos)?, ¿sería cierto, como afirman algunos reduccionistas incalificables, que es el cerebro quien produce la mente, y que el arte es la consecuencia feliz de sus deslices mentales?, ¿pudiera ser el arte concebido como una función calculable mecánica, digitalmente o de cualquier otra manera material imaginable?
Por último, ¿sería posible que sueños futuros provocados por el sueño de Lulio pudieran conducirnos allá donde las ideas encapsuladas en el software se encarnaran en artefactos (hardware) con el propósito de producir formas o cosas percibibles por nosotros como arte?, ¿pasarían la "Prueba de Turing" 37 adaptada para los objetos artísticos?
Aunque se enojen los infieles, y a la manera de pensadores de los siglos XVIII y XIX, tales como Pascal, Leibniz y Boole, quienes luchaban por encontrar las bases del conocimiento (apoyados en sus máquinas mecánicas) 38, 39, ¿podríamos los habitantes del inminente Tercer Milenio (basados en nuestros artefactos digitales) soñar con encontrar las bases digitales del arte, y así darle cuerpo (mecánico o digital) al mundo de los sueños para tratar de explicarnos la realidad sensible de las cosas? Durante el intento estaríamos continuando con aquellos despropósitos para establecer un diálogo imposible entre la filosofía y la ingeniería (siglos XVIII y XIX) o entre el arte y la computación (siglo XXI). En su oportunidad, Roger Bacon (el Doctor Mirabilis), contemporáneo de Lulio, no pudo lograr la transmutación del metal en pensamiento 40; hasta el momento, que sepamos, nosotros tampoco hemos podido transmutar el silicio en verdadera inteligencia y, todavía menos, en sensibilidad, aunque algunos de los partidarios más duros de la Inteligencia Artificial y de las Ciencias Cognitivas claman que sólo es cuestión de tiempo 41. En tal caso, ¿llegaríamos al extremo de construir una "Pascalina II" que, como la máquina de Pascal, sumara y restara las diferentes combinaciones de las ideas sensibles que nutren el arte?
Resueltamente inmersos dentro de los reduccionismos post-biologizantes podríamos, por ejemplo, prever la emergencia de los seres que habitan en los universos sorprendentes de la Vida Artificial, quienes son capaces de crear cosas nuevas que no pusieron inicialmente sus amos en sus algoritmos.
Si bien, en principio, la biología es el estudio científico de la vida, en la práctica, es el estudio científico de la vida en la Tierra, es decir, la vida como la conocemos, basada en la cadena del carbono. El nacimiento de la Vida Artificial (VA) nos brinda la posibilidad de estudiar la vida como podría ser. Es más, para algunos, en lugar de ser un instrumento para estudiar la realidad, la VA se convierte en la misma realidad 42. A diferencia del enfoque analítico de la biología tradicional, la VA propone el enfoque sintético: crear vida a partir de no-vida. "Haciendo vida podremos finalmente saber qué es la vida", afirma S. Levy 43.
Los devotos de la 'hipótesis fuerte' de la VA suponen que la vida, en su concepción más amplia, va más allá de la forma orgánica en que la conocemos en la Tierra, creen que la vida es información y auto-organización (independiente de la sustancia portadora), y que puede materializarse tanto en carbono, como en silicio, en aleaciones especiales (robótica) o en cualquier otro material. Por lo pronto, ya G. Feinberg y R. Shapiro en La vida más allá de la tierra, hablan de seres vivos basados en plasmas, en campos electromagnéticos en el corazón de las estrellas de neutrones, así como en sistemas incluso más extraños; hablan de criaturas tan extraordinarias que difícilmente podríamos distinguirlas de la propia naturaleza 44. Se trata, asimismo, de vencer el cándido prejuicio de que la atadura orgánica es la precondición universal para la vida. Para éllos, tan vivos están la bacteria y el hombre, como los robots y los seres digitales 45. En cuanto a los últimos, se trata de universos existentes más allá del monitor de la computadora, cuyos seres y comunidades están hechos de electrones auto-organizados (describibles mediante ecuaciones y algoritmos genéticos) y sus ácidos nucléicos son digitales. Estos seres viven su vida digital en nichos ecológicos que no interfieren con los nuestros, y su único propósito es la simple existencia, sobrevivir: ¡como nosotros!; habitantes de los ecosistemas electrónicos y ópticos, viven, se adaptan y evolucionan su vida digital en tiempos, espacios y causalidades cuyos parámetros materiales son muy diferentes a los nuestros. Su vida se organiza en base a las propiedades de los electrones y los sistemas ópticos; la nuestra se organiza en base a las del carbono. Unos son seres digitales; los otros somos carbonautas. A nosotros, los seres orgánicos, se nos llama wet life (vida húmeda); a los seres digitales: life in silico. Para J.D.Farmer, "El advenimiento de la Vida Artificial será el evento histórico más significativo desde la aparición de los seres humanos" 46 y, para ese entonces, por supuesto, ya estaremos promulgando la Carta de Derechos de la Vida Artificial 47.
Antes sólo aceptábamos lo hecho a mano. Hoy, tiempo después de la Revolución Industrial ya aceptamos que los objetos industriales sean hechos por máquinas mecánicas sin intervención de la mano del hombre. No obstante, nos es todavía muy difícil aceptar que los objetos puedan ser, incluso, concebidos por máquinas complejas (v.g. Fractales, Caos, Inteligencia Artificial, Vida Artificial) de acuerdo con reglas explícitas evolutivas planteadas (¡todavía!) por la mente de hombres generosos. Es aún más difícil forzar a nuestra imaginación y a nuestro orgullo a aceptar objetos concebidos, realizados y disfrutados por seres independientemente de nosotros.
Sin darnos cuenta, esos seres han estado allá afuera, aguardando con indiferencia dentro de sus mundos, a que nosotros prendamos los focos de la sensibilidad para reconocerlos y hacerlos llegar al nuestro. Criaturas diferentes de nosotros, extrañas a nuestros mitos y a nuestras metáforas, que no podrán tocarnos antes de que nuestra imaginación las sueñe.
"¿Creen estas criaturas que están vivas? ¿Piensan que tienen libre albedrío? ¿Desarrollan teorías acerca del origen de su mundo y de cómo evolucionaron? ¿Tienen el deseo de crear vida?", se pregunta Ellen Thro 48. ¿Qué diríamos si un buen día nos topáramos con la novedad de que la primera inteligencia creativa reconocida por nosotros no fuera ni un ángel, ni un extraterrestre, ni un ser orgánico extraño (ingeniería genética), ni un ser mecánico (robótica), sino un ser abstracto, etéreo, resultado lógico puro de la auto-organización de señales ópticas complejas propagadas dentro o fuera de las computadoras o sus gigantescas redes, un ser óptico que vive su vida producto de las luces altamente organizadas que se reproducen y evolucionan de acuerdo a sus propias leyes, y para quienes nuestra forma de vida orgánica, nuestro estilo de vida húmedo basado en el carbono, les fuera totalmente indiferente?
En la Edad Media se creía que el universo entero era un libro escrito por el dedo de Dios (Hugues de Saint-Victor), una teofanía que expresaba su rostro visible. Por ejemplo, para Macrobio las cosas eran espejos que reflejaban la belleza indescriptible de la cara de la divinidad. Desde ese alegorismo universal, se leía al mundo como una aglomeración de símbolos 49, de tal suerte que para el Maestro Eckhart: "buscar un modelo artístico no es componer, es fijar místicamente la mirada en la realidad a reproducir, hasta identificarse con ella" 50. Por otro lado, "La tradición cabalística enseñaba que no sólo las Santas Escrituras, sino la creación en su totalidad dependen de una combinación de letras de un alfabeto primordial... letras que pueden combinarse de una infinidad de maneras" 51.
Así pues, si nos fuera permitido mezclar con cierta irreverencia Edad Media y Vanguardias, podríamos afirmar contundentemente que, al elegir una de entre un sinnúmero de formas (o revelaciones de la divinidad), el artista extrae del mundo de lo ya existente un objeto, lo eleva al rango de creación artística y lo propone, para su goce, al resto de los seres sensibles. En el límite, lo que hace es seleccionar ready-mades del universo sensible para afirmar que es el único y genial autor. Desde esta perspectiva, el universo puede concebirse como un inconmensurable ready-made a partir del cuál los manipuladores de formas: los artistas, no crean propiamente hablando, sino que toman prestados objetos talismánicos 52,53 pre-existentes, fragmentos del rostro de Dios, para que los sensibles miremos asombrados atisbos de la belleza sobrecogedora de nuestro universo. En sus ready-mades Duchamp se asomó sólo a los objetos del universo industrial, que es una minúscula parte local del universo total; queda todavía mucho por hacer. Así, en el mundo de los seres creativos menores, saber crear es -también- leer fragmentos de ese ready-made universal para incorporarlos a las ventanas de nuestra sensibilidad.
Para llegar a metáforas más recientes, ¿qué pasaría si algún día nos diéramos cuenta de que el universo, en su totalidad, no es más que una computadora colosal del tamaño del mismo universo (la mismísima representación sensible de la divinidad) que, mediante un ingenioso software de CAD-CAM-CAE 54, concibe, dibuja, calcula y manufactura en tiempo real aquello que nosotros llamamos realidad? ¿Son los dibujos cosa viva?, ¿somos acaso dibujos que corren y se agitan creyendo que están vivos?
Nosotros los robots orgánicos solemos ser algo prepotentes para con otras clases de robots: los autómatas mecánicos del siglo XVIII, los robots electrónicos de nuestros días, o los ancestrales robots imaginarios de la literatura, los mitos y las religiones. Si rebasáramos nuestro peculiar orgullo, ¿sería posible -en un acto de inconcebible generosidad humana- redimir a las máquinas del pecado original de la esclavitud? ¿podríamos abolir las leyes para esclavos, aunque sólo se trate de máquinas esclavizadas?, ¿podríamos contribuir a romper la barrera de la estupidez artefáctica? ¿podrían los descendientes mejorados de las máquinas que hicieron posible el grabado, el dibujo, la pintura, la escultura, la fotografía, el cine, el video, los balbuceos incipientes de las imágenes electrónicas o de la realidad virtual, luchar -en su batalla permanente por ganarse el pan suyo de cada día- para liberarse de la dictadura de los hombres, emprender el camino de la salvación y alcanzar su independencia con el propósito de ser tan creadores y libres como quisieran? ¿Podrían los descendientes del Mingitorio de Duchamp trascender la inmundicia del mercado del arte y ascender el vuelo de los justos, más allá de su dependencia hacia nosotros? ¿Podrían comportarse finalmente como seres libres, éticos, morales, estéticos, artistas... como nosotros decimos que somos (o como nos gusta vernos)? ¿Podrían las obras de nuestros artefactos liberados ser juzgados por sus consecuencias, es decir, por su impacto en otros seres artefácticos, incluídos los hombres, sus sedicentes creadores?