Este conjunto de preguntas se extrajeron de un ensayo abiertamente irónico, planteado desde un punto de vista estrictamente reduccionista, titulado La mosca prohibida de todos, publicado en la revista Archipiélago, número 15, año 2, de enero-febrero de 1998, México.
"Y, ya dentro de este reduccionismo inconfesable, ¿podría la conciencia artística universal (si se pudiera plantear de esta manera) ser nada más que la consecuencia natural de la materia altamente organizada, un epifenómeno espontáneo del funcionamiento material de las cosas complejas (como la de nuestros futuros e hipotéticos artefactos artísticos lulianos)?" (Javier Covarrubias, p. 21)
"¿Sería cierto, como afirman algunos reduccionistas incalificables, que es el cerebro quien produce la mente, y que el arte es la consecuencia feliz de sus deslices mentales?" (Javier Covarrubias, p. 21)
"¿Pudiera ser el arte concebido como una función calculable mecánica, digitalmente o de cualquier otra manera material imaginable?" (Javier Covarrubias, p. 21)
" Por último, ¿sería posible que sueños futuros provocados por el sueño de Lulio pudieran conducirnos allá donde las ideas encapsuladas en el software se encarnaran en artefactos (hardware) con el propósito de producir formas o cosas percibibles por nosotros como arte?, ¿pasarían la "Prueba de Turing" adaptada para los objetos artísticos?" (Javier Covarrubias, p. 21)
"¿Podríamos los habitantes del inminente Tercer Milenio (basados en nuestros artefactos digitales) soñar con encontrar las bases digitales del arte, y así darle cuerpo (mecánico o digital) al mundo de los sueños para tratar de explicarnos la realidad sensible de las cosas? Durante el intento estaríamos continuando con aquellos despropósitos para establecer un diálogo imposible entre la filosofía y la ingeniería (siglos XVIII y XIX) o entre el arte y la computación (siglo XXI)." (Javier Covarrubias, p. 21)
"En su oportunidad, Roger Bacon (el Doctor Mirabilis), contemporáneo de Lulio, no pudo lograr la transmutación del metal en pensamiento; hasta el momento, que sepamos, nosotros tampoco hemos podido transmutar el silicio en verdadera inteligencia y, todavía menos, en sensibilidad, aunque algunos de los partidarios más duros de la Inteligencia Artificial y de las Ciencias Cognitivas claman que sólo es cuestión de tiempo. En tal caso, ¿llegaríamos al extremo de construir una "Pascalina II" que, como la máquina de Pascal, sumara y restara las diferentes combinaciones de las ideas sensibles que nutren el arte?" (Javier Covarrubias, p. 21)
"¿Qué diríamos si un buen día nos topáramos con la novedad de que la primera inteligencia creativa reconocida por nosotros no fuera ni un ángel, ni un extraterrestre, ni un ser orgánico extraño (ingeniería genética), ni un ser mecánico (robótica), sino un ser abstracto, etéreo, resultado lógico puro de la auto-organización de señales ópticas complejas propagadas dentro o fuera de las computadoras o sus gigantescas redes, un ser óptico que vive su vida producto de las luces altamente organizadas que se reproducen y evolucionan de acuerdo a sus propias leyes, y para quienes nuestra forma de vida orgánica, nuestro estilo de vida húmedo basado en el carbono, les fuera totalmente indiferente? " (Javier Covarrubias, p. 22)
"¿Qué pasaría si algún día nos diéramos cuenta de que el universo, en su totalidad, no es más que una computadora colosal del tamaño del mismo universo (la mismísima representación sensible de la divinidad) que, mediante un ingenioso software de CAD-CAM-CAE, concibe, dibuja, calcula y manufactura en tiempo real aquello que nosotros llamamos realidad? ¿Son los dibujos cosa viva? " (Javier Covarrubias, p. 23)
"¿Somos acaso dibujos que corren y se agitan creyendo que están vivos? " (Javier Covarrubias, p. 23)
"Si rebasáramos nuestro peculiar orgullo, ¿sería posible -en un acto de inconcebible generosidad humana- redimir a las máquinas del pecado original de la esclavitud? ¿podríamos abolir las leyes para esclavos, aunque sólo se trate de máquinas esclavizadas?, ¿podríamos contribuir a romper la barrera de la estupidez artefáctica? ¿podrían los descendientes mejorados de las máquinas que hicieron posible el grabado, el dibujo, la pintura, la escultura, la fotografía, el cine, el video, los balbuceos incipientes de las imágenes electrónicas o de la realidad virtual, luchar -en su batalla permanente por ganarse el pan suyo de cada día- para liberarse de la dictadura de los hombres, emprender el camino de la salvación y alcanzar su independencia con el propósito de ser tan creadores y libres como quisieran? " (Javier Covarrubias, p. 23)
"¿Podrían los descendientes del Mingitorio de Duchamp trascender la inmundicia del mercado del arte y ascender el vuelo de los justos, más allá de su dependencia hacia nosotros? " (Javier Covarrubias, p. 23)
"¿Podrían comportarse finalmente como seres libres, éticos, morales, estéticos, artistas... como nosotros decimos que somos (o como nos gusta vernos)? ¿Podrían las obras de nuestros artefactos liberados ser juzgados por sus consecuencias, es decir, por su impacto en otros seres artefácticos, incluídos los hombres, sus sedicentes creadores? " (Javier Covarrubias, p. 23)
"¿Podríamos entonces replantear los reduccionismos de Erasmus Darwin (el abuelo de Charles) o, aún, los de Samuel Butler (seguidor y opositor de Charles Darwin), cuando concebían la evolución de las máquinas a la manera de la evolución biológica: como si las rudimentarias y antiecológicas máquinas de hoy fueran apenas los embrionarios ancestros protozoarios de las -por venir- eras fanerozóica, cámbrica o jurásica, de la evolución tecnológica, de la evolución de lo artificial? " (Javier Covarrubias, p. 23)
"Más allá de los seres orgánicos: ¿hasta dónde se extienden las fronteras de lo vivo?" (Javier Covarrubias, p. 23)
"Y, ya que alguien pudiera insinuar que los hombres (y sus artistas) persistiremos mientras cumplamos debidamente nuestra función peculiar dentro del concierto de los seres vivos, y mientras no aparezca una tecnología que nos vuelva obsoletos, ¿podría, en caso extremo, imaginarse a los artistas cárnicos de hoy como los ancestros rudimentarios de los seres creativos de las gloriosas eras jurásicas postbiológicas por venir? " (Javier Covarrubias, p. 23)
"Es más, llevando nuestro desacato a sus límites posibles, ¿podría el Leviathan de Hobbes -el organismo colectivo: ni Dios ni hombre- ser visto en su modalidad de artista? Es decir ¿se puede imaginar la posibilidad de que la hermandad de los artefactos creativos se comporten como un megaorganismo que al respirar destile arte, y cuya conducta fuera algo más que la suma de las acciones atomizadas de cada artefacto considerado individualmente? " (Javier Covarrubias, p. 23)
"¿Podría el arte habitar más allá del interior de los cuerpos de carne y poblar los cuerpos metálicos, electrónicos, silícicos u ópticos? " (Javier Covarrubias, p. 23)
"Y si, una vez conectados entre sí en la red electrónica del arte, y una vez concentrados en un punto minúsculo, ¿podría concebirse, siquiera, un Aleph artista: el punto que contiene todos los puntos sensibles y creativos del universo?, ¿sería este la parte sensible del alma del Aleph del cuento de Borges? " (Javier Covarrubias, p. 23)
"¿Desde cuándo se inició la evolución postbiológica? Después del advenimiento del reino de las máquinas, ¿qué pasaría, se pregunta Butler, si la fase animal -incluida la arrogante especie humana- fuera la última que asumiera la vida en este planeta? " (Javier Covarrubias, p. 24)
"Todavía más lejos, dentro de nuestro reduccionismo ortodoxo, ¿pudiéramos siquiera concebir la posibilidad de que nuestras creaciones, ya se trate de objetos cotidianos o de obras de arte, sean seres vivos, verdaderamente vivos y capaces, en su creatividad, de crear cosas nuevas no soñadas por nosotros? " (Javier Covarrubias, p. 24)
" pasaríamos del rabioso antropocentrismo (el mundo en función del hombre, y el hombre como medida de todas las cosas) al previsible maquinocentrismo, donde la máquina redimida reinaría en función de sus propias y muy peculiares visiones del mundo, al tiempo que los odios entre blancos y negros desaparecerían en favor de la sospechada intolerancia entre máquinas y hombres. En caso de que nos fuese bien, quizá se pudiera negociar un maquinocentrismo light , en vez de uno radical. En todo caso: atención neoludditas del mundo, ¡sus días están contados! " (Javier Covarrubias, p. 24)
" Bajo esta perspectiva, sería concebible preguntarse si alguna vez ¿podría una máquina ganarse -por sí misma- el paraíso del arte?, ¿podría, mediante sus propias y autónomas acciones, merecerse su aureola de santa del quehacer artístico? ¿Acaso está previsto en nuestros textos sagrados la beatificación y santificación de las máquinas? " (Javier Covarrubias, p. 24)
"¿No sería demasiado doloroso para nosotros saber que, algún día, la inmensa mayoría de los santos (artísticos o no) serán criaturas silícicas, ópticas o, de cualquier manera, no-humanas? " (Javier Covarrubias, p. 24)
" ¿Podrían nuestros artefactos utópicos ser tan pecadores como nosotros al pretender, en su inaudita osadía, mejorar la obra de sus amos y la del Primer Motor? ¿Podrían, al pecar creando, sentir placer o dolor al hacerlo, y depravadamente buscar procurarse -con un descaro hedonista- el placer por sobre el dolor o viceversa? Y pecando así: ¿se ganarían con mayor fuerza su ingreso al cielo prometido? " (Javier Covarrubias, p. 24)
" Entonces, ¿podrían las máquinas ser consideradas como artistas? ¿No a la manera de los hombres, sino a la manera de los artefactos? ¿Podrían sentir los efectos de sus actos creativos y vibrar en simpatía con ellos a la manera de los seres estéticos? " (Javier Covarrubias, p. 24)
"Sería mejor ser creadores de obras (¿seres?) que evolucionen en el tiempo y aprendan por sí mismos a vivir su vida creadora en función de los propósitos y tareas que les asignamos cuando les dimos vida, que crear obras absolutamente dependientes de nosotros. Si nos fuera bien, estos artefactos podrían pensar y sentir a la velocidad de la luz -como en las hipotéticas computadoras ópticas- y crear en su metabolismo digital justo en el lugar donde se detiene el tiempo. A la manera de los dioses verdaderos, éstos serían seres ópticos capaces de seducir al tiempo (del reloj) y ser eternamente creativos en un instante interminable. " (Javier Covarrubias, p. 24)
"Y, una vez abandonada la cándida idea de que nosotros somos todo lo que importa en el mundo, liberados ya de nuestro infantil antropocentrismo, podríamos intentar aprender de los otros ¡aunque fueran artefactos! " (Javier Covarrubias, p. 25)