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La Naturaleza De La Imagen; El Deseo Una imagen se define por tres hechos que
conforman su naturaleza: a)
una
selecci—n de la realidad sensorial; b)
un
conjunto de elementos y estructuras de representaci—n c)
una
sintaxis visual. La dificultad de la definici—n de lo que es
una imagen proviene, fundamentalmente, de la gran diversidad de im‡genes que
pueden existir de una misma realidad sensorial. Podemos clasificar las
im‡genes segœn diversos criterios. Uno de ellos es el soporte de la imagen,
es decir, la base material donde se ubica la representaci—n ic—nica de la
realidad. TambiŽn podr’amos clasificar las im‡genes
segœn el grado de fidelidad que guarden con relaci—n a su referente o en
funci—n de la legibilidad, es decir, la mayor o menor dificultad para
"leer" la informaci—n visual que contiene la imagen. Una imagen nunca es la realidad misma, si
bien cualquier imagen mantiene siempre un nexo de uni—n con la realidad,
independientemente del grado de parecido o fidelidad que guarde con ella.
As’, por ejemplo, entre un cuadro hiperrealista y un cuadro abstracto no
existen diferencias en lo esencial -su naturaleza ic—nica. En un cuadro no
figurativo la conexi—n con la realidad se establece a un nivel muy elemental:
las formas, los colores o las texturas tienen su referente en la realidad. Es
m‡s f‡cil descubrir la relaci—n entre imagen y realidad en un cuadro
figurativo, porque se utilizan unos modos de representaci—n que se asemejan
m‡s a nuestra percepci—n cotidiana de la realidad. Por consiguiente, toda imagen es un modelo
de realidad. Lo que var’a no es la relaci—n que una imagen mantiene con su
referente, sino la manera diferente que tiene esa imagen de sustituir,
interpretar, traducir o modelar la realidad. La
imagen es el centro de reflexi—n en las estrategias del arte, bien sea imagen est‡tica o
imagen-movimiento. La imagen aparece como
territorio del deseo. El deseo es un movimiento metaf’sico, una acci—n
volitiva hacia el objeto como ente de atracci—n. Merleau-Ponty sosten’a que
la tensi—n de erotismo y belleza son las ra’ces vitales de la percepci—n y de
la representaci—n, y describe al deseo como "arco intencional" que
da a la experiencia su grado de vitalidad y fecundidad. Octavio Paz aborda el
deseo como "la persecuci—n de un objeto sin cesar fugitivo, sea un
cuerpo, una idea o una idea hecha cuerpo", ÀUna imagen? En la ponencia
"Los espacios del deseo", Silvia Dur‡n sintetiza as’ el
deseo: "Es la fuerza de la acci—n. Su espacio natural es la imaginaci—n
y muestra a un ser humano proyectante, libre, transgresor y creador que busca
recuperar en la vida su recuerdo primigenio, la plenitud, el placer y la
felicidad; todo ello consecuencia de su condici—n." El deseo se encuentra en la propia entra–a del
arte. Esta relaci—n del arte con el deseo es reafirmada por Roland Barthes al
definir el arte como: "Obras atravesadas por la gran escritura m’tica en
la cual la humanidad intenta sus significaciones, es decir sus deseos".
El arte juega, transforma, propone y muestra palpablemente los deseos
considerados m‡s bajos y los superiores o irrealizables. Cada Žpoca del hombre tuvo su modo de
entender la imagen. Utilizando los tŽrminos de la teor’a de signos de Pierce,
el index y el icono, ser’an los dos tipos de signos que gestan la imagen del
pasado. Es decir, la correspondencia de hecho o la semejanza entre el signo y
su objeto referencial. Mientras en el pasado fue la realidad la determinante
de la imagen, en el momento actual, esa realidad es sustituida por el deseo.
RŽgis Debray remarca en su libro "Vida y muerte de la imagen"
utilizando los tŽrminos de Freud: "...si la imagen arcaica y cl‡sica
funcionaba con el principio de realidad, la visual funciona con el principio
de placer". En la sociedad occidental actual, el principio de placer se
vuelve dominante ya que la base estructural de la organizaci—n social, y por
tanto de sus expresiones, es el consumo de bienes y servicios. Es evidente lo
predominante del deseo en el discurso de la imagen art’stica. Lenguaje e imagen convergen conformando la
realidad del individuo. Las im‡genes son por un lado, experiencias mediadas y
codificadas por los medios de producci—n visuales, y por otro lado son
vistas, son miradas. La mirada es el agente ejecutante del significado y es
el que, en œltima instancia, dota de significado a la imagen. La mirada es la
que crea y organiza la realidad. Wittegenstein y Foucault remarcan que el
lenguaje conforma la realidad. No se tiene el mundo de un lado y de otro el
lenguaje. Siguiendo a Schopenhauer que afirm—: "El mundo es mi
representaci—n" se puede sostener entonces que -Mi lenguaje y mi mundo
son uno. Con el cine, el video, la televisi—n y los
medios digitales la imagen-movimiento vive una era de impulso creciendo la
distribuci—n pœblica de la imagen y la expansi—n de nuevos sistemas de
reproducci—n tŽcnica. |
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